Las aportaciones de Antoine Laurent de Lavoisier (1743-1794) a la ciencia lo sitúan como uno de los gigantes sobre los que se apoya la química actual. En el siglo XVIII, a la química -muchos de cuyos procedimientos, como la destilación, la disolución y la combinación de sustancias o el estudio de los ácidos y el fuego, eran conocidos y aplicados desde hacía tiempo- le faltaba una estructura intelectual adecuada. Esta misión le correspondió a Lavoisier, cuyos trabajos significaron la superación de la teoría del flogisto, dominante durante buena parte la Ilustración, y el descubrimiento del oxígeno (principe oxygéne, principio acidulante), como resultado de sus estudios del aire; la descomposición del agua, y la composición de los compuestos orgánicos -carbono, hidrógeno y oxígeno-. La fijación de una nueva nomenclatura química, que sigue vigente en la actualidad y cuya sencillez y eficacia son evidentes, fue otra de sus aportaciones fundamentales.
En este volumen, Pau Centellas nos presenta la vida de este científico, que murió en la guillotina en plena Revolución.
En Pensamiento se incluye un trabajo del especialista en historia de la química, Ramón Gago, y una revisión de conjunto, a cargo de Maurice Daumas, sobre la química del Siglo de las Luces liderada por Lavoisier. Por último, en Escritos se reproduce una selección de varios capítulos del tratado elemental de la quimica, así como los grabados que ilustraron dicha obra realizados por su esposa, Marie Paulze Lavoisier, una de sus más importantes colaboradoras.
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